Suele decirse que las canciones de La Polla Records son “una patada en los huevos al poder”. Tal vez sea verdad, pero no lo es menos que, entre todos los tipos de patadas en los huevos, estas tienen algo especial. Las canciones de LPR tienen un claro carácter sistemático. En su momento, por ejemplo, habrían servido de libro de texto de la asignatura de Ética en el bachillerato y, si alguien busca una guía para la educación de sus hijos lo más completa y honrada posible, es difícil que encuentre algo mejor que los discos Salve y Revolución. Hay una implacable lógica que atraviesa la obra de LPR y que sorprende por su eficacia para señalar los cuatro puntos cardinales de una orientación política. En efecto, hay cierta clase de ceguera que no tiene que ver con estar equivocado sino con esa especie de abyección moral que contamina la atmósfera política que respiramos. En este sentido, LPR aportó un poco de honradez para llamar a las cosas por su nombre y enderezar una brújula moral que se encuentra estructuralmente invertida. Todo una lección y un reto para las cátedras de Ética y Filosofía de este país. Ya está bien de explicar en qué consisten la moralidad y la ciudadanía tomando por referencia un mundo supuestamente sano en el que los individuos sólo delinquirían, por ejemplo,
robando un jamón o mintiendo a su novia. Hay que explicar en qué consiste la moralidad en este mundo de “demócratas cristianos hinchados como cerdos y podridos de dinero” (LPR), a los que nunca se les pilla robando en un supermercado porque resulta que son los accionistas de este formidable supermercado en el que se ha convertido el planeta. La cuestión no es tanto si los banqueros, por ejemplo, pueden estafar o extorsionar; es más interesante reparar en la estafa y la extorsión que supone el hecho mismo de que existan banqueros. A los perros guardianes de este infierno, a sus usureros y beneficiarios, a sus administradores, voceros y legitimadores –así hasta completar el índice de canciones de LPR– no se les puede denunciar en un juzgado y, desde luego, es inútil intentar convencerles de nada. Es aquí donde el insulto –un arte en el que LPR fueron maestros– empieza a cumplir un papel “epistemológico”. Gracias a que, al menos, aún es posible insultar, se sigue recordando que, pese a su portentosa impunidad, Wall Street o el Banco de Santander no son realidades tan inevitables como el curso de los astros.
CITAS:
“La denominación [RRV] vino a raíz del concierto anti-OTAN en Tudela en donde por primera vez se congregaron en un mismo festival Barricada, La Polla Records, RIP, Basura, Eskorbuto, Zarama y Hertzainak (...). Estos grupos son la punta de lanza de un movimiento de cerca de cien grupos que están pululando por Euskadi y son radicales también”. —Marino Goñi
“Las letras que canto en las actuaciones más o menos son ideas que todos los punkis pensamos. Pero a mí me interesa más que las oiga un determinado tipo de público que no opina de esa manera, para conseguir cambiarles; los demás son colegas tuyos”. —Evaristo, cantante de La Polla Records
“El gran drama de Eskorbuto es que no valían para malos. Lo intentaron con tesón pero no les salía. Si trataban de robar en una iglesia, despertaban a todos los vecinos y acababan en chirona. Si pretendían dar un tirón, la dueña del bolso resultaba ser campeona olímpica y corría más que ellos. Si se colaban en el tren, los guardias jurados les daban pal pelo...” —Roberto Moso, cantante de Zarama
PARA SEGUIR LEYENDO:
Roberto Moso, Flores en la basura. Los días del rock radical (Hilargi, 2003). Elena López Aguirre, Del txistu a la telecaster (Aianai, 1996). Elena López Aguirre, Hertzainak: La confesión radical (Aianai, 1993). Diego Cerdán, Eskorbuto: Historia triste (Ediciones Marcianas, 2001).
Extraído de:
sábado, 19 de enero de 2008
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